jueves, 26 de noviembre de 2009

Buenos amigos

No voy a contar dónde nací, ni cómo fue mi infancia, ni la clase de estudiante que fui. El pasado no importa. Ayer volví a encontrarme con él. Éso es lo importante.
Tampoco narraré cómo le conocí, ni cómo me alejé de él, ni las razones que tenía para hacerlo. Eso queda para nosotros. Sólo debéis saber que tenemos una historia juntos, quizá la más corta y triste que se podría contar.

Antes de nuestro encuentro, yo ya sabía que pasaría. Me avisó de que estaría unos días en la ciudad y quería verme.
Me había preparado concienzudamente para cualquier reacción que pudiéramos tener, tanto él como yo. Había analizado cada posible situación desde que me levanté a las 8 de la mañana hasta que salí de casa a nuestro encuentro justo después de comer.
Podían haber renacido viejos sentimientos guardados en una caja fuerte con contraseña olvidada. Podía haber desatado el resentimiento acumulado de tantos años. Podíamos haber reído, llorado, olvidado, gritado o abrazado. Estaba preparada para cualquier opción y tenía una respuesta para cada posibilidad. Por eso no me puse nerviosa. Yo controlaba la situación.

Tuvimos una conversación pacífica. Nos contamos qué había sido de nosotros en todo aquel tiempo. A los dos nos iba relativamente bien. Estuvimos toda la tarde paseando, hablando de todo y de nada.

Aún notaba el amargo del café en la boca cuando, de repente, se paró en seco y me preguntó si le había echado de menos. No supe qué contestar y, ante mi desconcierto, siguió caminando como si no hubiese pasado nada.

La respuesta era 'No'. Cierto es que los meses siguientes al distanciamiento seguía pensando en el tiempo que pasamos juntos y en cómo se sentiría él. Pero hacía mucho tiempo que me había olvidado de todo y decidido seguir adelante con mi vida.

Cinco minutos en silencio después, conseguí responderle:
- ¿Y tú a mi?

No era una respuesta real, al menos no la que él querría haber oído. Confesó que cada cierto tiempo se acordaba de mi y se imaginaba qué habría sido de nosotros si no nos hubiésemos alejado.

Silencio otra vez. Nuestro agradable y tranquilo reencuentro se volvió de pronto incómodo.

Nos despedimos con la promesa de que no volveríamos a intentar hablar del pasado, seríamos sólo amigos. Buenos amigos.



Pero todos sabemos que cuando dos personas se prometen ser amigos y olvidar el pasado, la verdad es que ambos son conscientes de que nunca podrá ser así.

2 sweet thought(s):

rosquilleta dijo...

bueno, nadie conoce el fin de los caminos, no?
un cálido abrazo y suerte con el futuro de tu historia.

Vitote dijo...

Las cosas nunca pueden moverse hacia atrás, y a pesar de lo que parezca, en el fondo, no queremos que vuelvan atrás porque sin pasos hacia delante nunca seríamos capaces de andar el camino, que al fin y al cabo es lo importante, dónde nos lleve, es secundario.

A cuidarse