domingo, 13 de diciembre de 2009

Pesadillas

En mi manía de empezar a ver más series aunque no tenga tiempo o el poco tiempo que tenga no deba dedicarlo a eso, he empezado a ver Sobrenatural.

Cuando la estrenaron en la tele la empecé a ver, pero llegó el capítulo de Bloody Mary y acabé por convencerme de que la serie no merecía mi tiempo. En realidad, días antes habían dado en cuatroº el capítulo de Entre fantasmas dedicado a la misma leyenda/historia/llámalo como quieras. Que ambas series contaran diferentes versiones de la misma historia no me gustó, y fue esa la razón real por la que no seguí Sobrenatural.

Pero, desde hace unos meses, una amiga me ha insistido en que tengo que verla, que mejora con el tiempo y tiene unos puntos muy graciosos, así que le hice caso, y aquí estoy, que en una semana me he ventilado toda la primera temporada (y a decir verdad, el capítulo de Bloody Mary no era tan malo).

Sin embargo, que la vea no significa que no lo pase mal con determinados capítulos. Puedo soportar sin alterarme un capítulo de vampiros, criaturas asesinas, bichos y demás, pero ponme un niño fantasma, un payaso, un muñeco (autómatas, muñecas de porcelana...) o un espíritu cabrón y me cago de miedo.

Sí, soy una miedica. Hace unos días (casualidad) comentaba con un amigo que de pequeña tenía muchos miedos, y que la casa del pueblo aún me da escalofríos por la noche (y sigo mirando debajo de la cama antes de acostarme. En el pueblo, digo)

Sí, llamadme tonta, pero es algo que no puedo remediar. Así que, ya dije en twitter, en cuanto tenga la primera pesadilla por culpa de Sobrenatural, dejo de ver la serie. De hecho, ya he tenido un par de sustos tontos (una bata que se mueve con el viento, un ruido en medio de la noche), y ya la tenemos liada: luz encendida hasta que me calmo.

Para colmo, minutos después de twittear aquello, fue mi padre el que tuvo una pesadilla. No sería nada grave si no fuera porque se pone a gritar como un loco hasta que mi madre le hace callar, y me pone los pelos de punta.

Eso sí, soy yo la valiente que tiene pensado leer una novela de terror con una muñeca de porcelana en la portada y la que intenta convencer a las amigas para ver películas de miedo (no puedo verlas sola)

viernes, 11 de diciembre de 2009

Felicidad

El otro día (la otra noche) estábamos una amiga y yo en nuestro antro de siempre, cogiendo los bolsos para irnos a dormir cuando se nos acercó un chico (muy majo, por cierto) pidiendo permiso para hacernos una pregunta.

No dudamos en contestar que sí. Aceptamos preguntas, otra cosa es que vayamos a responderlas (así, a primeras nunca sabes con qué te van a salir)

¿Qué te hace feliz?

Mi amiga contestó bastante rápido. A mi me costó lo mío, y aun así nadie (ni yo misma) se quedó convencido con la respuesta.

Contestar Markel, mi sobrino, jugar con él, habría sido la salida fácil, pero en ese momento pensé que debía haber alguna otra cosa que me hiciera más feliz que mi niño.

Esto me lleva a pensar qué narices tenía yo que me hiciera feliz hace 3 años. Tiene que haber algo. Sí, vale, amigas, familia, comodidades... pero eso lo tiene mucha gente, y no todos ellos son felices. Tampoco digo que yo fuera feliz, ni siquiera hoy en día, cuando sólo en determinados momentos siento que mi sonrisa es de verdad y no una costumbre o una forma de decir "estoy bien, déjame en paz"


Hoy me han dicho que me he vuelto sosa
Yo creo que me han estropeado