Nota: No sé si he divagado mucho, creo que mi alma de escritora ha hecho más acto de presencia del que pretendía. Puede que lo que he escrito ni siquiera tenga sentido.
Los años no pesan, es sólo un día más, como otro cualquiera, sólo que la gente que te quiere te da regalos y gente de la que no quieres saber nada te pregunta qué es de tu vida, aunque realmente no le importa y el resto del año le vas a seguir importando una mierda. No te preocupes, es recíproco, ni te molestes en felicitarme, que no lo voy a echar en falta. Esto, por supuesto, lo digo de gente falsa que dice ser amiga y luego te clava un puñal, y oye, la espalda ya me duele suficiente como para soportar heridas de arma blanca.
Pero también están las alegrías, personas a las que quieres mucho pero que por una cosa o por otra te has ido distanciando, y te mandan un e-mail, o un mensaje, o lo que sea, y se te saltan las lágrimas de emoción, de saber que esa persona aún está ahí y piensa en ti.
También puede ser que en días como hoy sólo nos apetece llorar, y la emoción está ahí, esperando un mínimo permiso para salir a flote. La rabia y el dolor se manifiestan en forma de lágrimas, caras tristes y abrazos eternos.
Hoy, ahora, cumplo 24 años y no sé qué es lo que va a ser de mi vida, no sé qué es lo que quiero que sea mi vida.